La verdadera oración en el Reino (Parte 3)

 In Sermones

Una petición por su nombre

Santificado sea tu nombre

Los antiguos veían el nombre de manera muy diferente a como lo observamos nosotros hoy. Ellos asociaban el nombre al carácter mismo de la persona. De modo que cuando esta primera petición se refiere a “santificar el nombre de Dios” lo que está detrás es un deseo de que Dios en su esencia sea reconocido como Santo.

Dios tomó varios nombres en el AT y cada uno de ellos reflejaba parte de su carácter sanador, proveedor, poderoso, Eterno etc.

En Éxodo 3:13-14 Dios reveló en alguna manera la composición de su nombre “Yo soy el que soy” o “yo seré lo que seré” en el idioma hebreo son 4 letras que se conocen como el tetragramaton (YHWH). Durante muchos años los judíos usaban el nombre Adonaí (Señor) o Elohim para referirse a Dios a fin de no profanar su nombre; pero en el año 70 Ac aproximadamente, los masoretas, unas tradiciones de copistas judíos intercalaban al tetragramatón las vocales del nombre Adonai, dando como resultado el nombre JAHEOVA; sin embargo, como quiera que ser transliterado, lo que el nombre recoge es el carácter y los atributos mismos de la deidad.

Cuando oramos “santificado sea tu nombre” nuestro deseo no es hacer más Santo a Dios, pues, él habita en perfecta santidad; se trata más bien de reconocer ese carácter Santo como el motivo de nuestra oración. En otras palabras; la esencia de la oración verdadera parte del reconocimiento de su Santidad; de lo que él y de lo que somos nosotros.

Pedro dice lo siguiente:

santificad a Dios el Señor en vuestros corazones (1 Ped 3:15)

También a petición implica que deseamos que otros puedan reconocer la santidad de Dios y su propio pecado, que otros puedan reverenciarle como Dios y reconocerle de tal manera. En palabras del salmista es un llamado a adorar a Dios:

Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre” (Sal. 34:3)

Lo principal que debe estar en nuestras mentes entonces, es la Santidad en la que Dios habita mientras dirigimos a él nuestras plegarias. El reconocimiento de todo lo que él es.

Algunas personas comienzan sus oraciones de la siguiente manera:
“Padre, gracias por ser mi papito lindo  quiero pedirte…”

Este tipos e oraciones no tiene un carácter contemplativo de Dios. Santificar el nombre del Señor es sobrecogernos por sus atributos, es pensar en su omnipotencia, omnipresencia, soberanía y a partir de allí construir nuestro clamor.

Pero hay una relación entre esta primera petición y a siguiente. En efecto, na die puede santificar el nombre de Dios, a menos que conozca de su soberanía. De él como el Rey de todo, y eso nos lleva de la mano a la siguiente petición y nuestro segundo encabezado.

Una petición por su reino

Venga tu Reino

Hay un sentido en que el Reino de Dios ya está entre nosotros (Lc 17:21) y esto es gracias a la venida de Cristo como Rey, lo cual inició el reino espiritual por medio del evangelio, sin embargo, hay otras maneras en las que podemos pensar al respecto de esta petición:

  1. Venga tu reino es el deseo de que la salvación venga a los corazones de los hombres perdidos
  2. Venga tu reino es el deseo de que el Señor manifieste su señorío, sobre todo. Es el deseo de que su reno vaya extendiéndose en el mundo por medio de la proclamación del evangelio del Señor. Esta oración debe ser permanente en los que deseamos que la palabra de Dios sea oída en toda la tierra. Es la oración por el trabajo misionero y los que la tarea de llevar la palabra de Dios hasta lo último de la tierra
  3. Debemos anhelar la consumación final del Reino, cuando la paz definitiva y eterna sea establecida entre nosotros y podamos disfrutar del Reino en toda su plenitud. Esta petición es un llamado a anhelar y desear la venida de Cristo.
    Al respecto de esto, me temo que muchos hoy no quisieran el retorno del Señor de manera genuina. Ellos quisieran tener tiempo para todo en este mundo. Sus corazones están tanto en las cosas de esta tierra que el cielo sería una mala noticia. Pero eso no es lo que caracteriza los hijos del Reino, antes bien es un deseo que les hace exclamar ¡Maranatha!

Por su puesto, esta oración no debe llevarnos a nosotros a ser negligentes en el trabajo de evangelización y predicación del evangelio debido a que ese es precisamente el medio por el cual el reino vendrá.

En nuestras oraciones, pedir por el Reino es rendirnos ante la grandiosa misericordia de Dios y su grandeza, sobre todo. Él es el dueño de todas las cosas, y esos nos lleva a nuestra tercera y última petición

Una petición por su voluntad

Hágase tu voluntad, en el cielo, así también en la tierra

Esta petición está ligada al carácter y las demandas mismas del Reino. Es un deseo para que la palabra de Dios sea guardad en este mundo.

Hemos visto hasta ahora en las bienaventuranzas la voluntad del rey acerca del carácter y también acerca de la justicia y nuestro deseo debe ser que la Palabra de Dios sea guardad y que su voluntad sea cumplida.

Sin duda este deseo de ver la voluntad de Dios está ligada a un estudio diligente de las Escrituras. Muchas personas al orar piden cosas que no son conforme a la voluntad de Dios, no porque Dios no quiera cumplirlas, sino porque no son conforme a la biblia.

Nuestra ración debe ser inteligente, no puede ignorar las Escrituras. Santiago dice pedid y no recibid porque pedís mal (Stg 4:3), creo que Santiago está hablando de malos deseos, pero también de cosas que son abiertamente contra la voluntad de Dios.

Un hombre que ora para casarse con una mujer incrédula, por ejemplo, debe saber que no es la voluntad de Dios unirse en yugo desigual con los que no tienen a Dios como su Dios. (2 Cor 6:14).

Por otro lado; pedir que se haga la voluntad de Dios tiene una aplicación personal a nosotros mismos. Es saber que él es soberano y al pedir reconocemos que sus planes son mejores que los nuestros. Que nuestra voluntad propia puede llevarnos a la perdición, pero que su voluntad es siempre agradable y perfecta (Rom 12:2).

En términos prácticos, orar de esta manera evitará la frustración en nuestras vidas. Ninguna oración será un fracaso cuando oramos pidiendo la voluntad del Señor para nosotros. Aun cuando las cosas no salgan conforme a nuestros deseos, estaremos tranquilo al saber que el Dios que es Padre Santo y Rey sobre todo ha hecho su voluntad.

Uno de los males de la iglesia de hoy ha sido ver la oración como una especie de amuleto para ver cumplir sus propios deseos, pero tal como hemos dicho, la oración busca principalmente la Gloria de Dios y también que sea manifiesta la voluntad de Dios en nosotros y no la nuestra

Conclusión

Hemos visto la manera tan maravillosa en que este modelo de oración está estructurado. Debemos siempre procurar la gloria del Señor en nuestras oraciones; a él nos dirigimos, pero es a él a quien reconocemos principalmente.

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