La verdadera oración en el Reino (parte I)

 In Sermones

Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

Una de las cosas que identifica a alguien que lleva una vida dedicada a la ‘religión’ es la manera en que se relacionan con su deidad. En todas las religiones del mundo, de una u otra manera, la oración está presente, ya sea en forma de meditación, de mantras o repeticiones o de una adoración verdadera; pero incluso, lo que para el cristiano es algo tan propicio y vital, una mala motivación puede terminar convirtiéndolo en un horroroso acto hipócrita.

Esto es lo que el Señor condena en esta segunda aplicación de las tres que está utilizando para hablar de cómo nuestra justicia debe estar basada en la práctica de una religión verdadera y no sólo de una apariencia externa.

Al igual que en el primer caso, donde las limosnas eran usadas por los hipócritas para exhibir su casa piedad antes los hombres; Jesús advierte a sus oyentes de cómo la misma oración también puede ser una ocasión para alimentar la falsedad si esta se hace con propósitos equivocados.

Jesús sigue preservando la misma estructura que en la aplicación anterior, lo que muestra la manera ordenada y sistemática en que el Señor ha dado su enseñanza. Asi que dividiremos nuestro texto en 4 encabezados: (1) la naturaleza de la oración; (2) Advertencia contra la hipocresía, (3) la manera correcta de observar la oración y añade además (4) Una advertencia contra la banalidad; mostrando también que cada manera de observar, en este caso la oración, tiene su respectiva recompensa

La naturaleza de la oración

Y cuando ores

De la misma manera que en el caso de las limosnas, aquí el Señor asume que la vida en el reino involucra oración.

En efecto, la ración era parte de la vida judía. E incluso había horarios establecidos para ella. (Ver Dan 6:10 y Hec 31 [la hora novena, la de la oración]). Aunque el templo era el mejor lugar para orar, un judío no tendría problema en orar en cualquier lugar, hasta en la misma calle. La oración es algo que hace parte de la vida de alguien que reconoce a Dios, es la manera de comunicarse con él; de adorarle, de reconocerle como Dios.

Pensando en el creyente, alguien puede orar y no ser cristiano, pero no se puede ser cristiano sin orar. Ella hace parte de nuestra esencia, de lo que somos en Dios. De la misma manera que el agua es vital para la vida, así lo es la oración al cristiano. Como es difícil imaginar vivir sin aire, así es quien considera la oración como algo vital en la vida de los cristianos. Orar sin cesar (1 Tes 5:17) esa es una de las prerrogativas de los hijos del Reino.

Pero tal como mencionamos, el ejercicio de una práctica tan propicia y necesaria, tan noble, además, puede convertirse en un acto hipócrita si este no se observa con la motivación correcta.

Advertencia contra la hipocresía

no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa

La hipocresía de los fariseos

Ya dijimos que no había nada de malo en orar de pie en las sinagogas, lo cual iba a ser inevitable en muchas ocasiones. Tampoco el problema estaba en hacerlo en las esquinas, como es normal verlos hoy incluso; algunos judíos que tenían la oración como un hábito en horarios específicos aprovechaban cualquier lugar en el que pudieran cumplir con su rogativa y el Señor no condena eso sino la motivación; ellos oraban para ser vistos de los hombres.

De la misma manera en que no había problema en entregar una limosna a un pobre en la calle, tampoco lo había con relación al lugar de la oración —en efecto muchas de nuestras oraciones en nuestra vida son públicas y eso no es pecaminoso per sé— pero dicha oración debía estar caracterizada por una devoción verdadera y no un me ro espectáculo para ser alabado u observado por los hombres.

Podemos ver aquí que los fariseos aman el orar, pero ¿si no es a Dios a quien oran, entonces a quien lo hacen? A ellos mismos. La hipocresía en la oración desplaza a Dios y pone al hombre en su lugar. Eso es lo que vemos en Lucas 18 en la conocida parábola del fariseo y el publicano:

 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano (v11)

El fariseo se puso en la mitad del templo para exhibirse y su oración no era con Dios sino consigo mismo. El hipócrita disfruta eso y puede hacerlo por horas, e incluso puede llegar compararse con otros para añadir más mérito a sus oraciones, tal como lo hacía el fariseo de la parábola.

Exhibir la piedad es una tentación continua en nuestros corazones. Luchamos con el deseo de mostrar a los demás cuan piadosos somos, o pretendemos ser; pero Dios no ve lo externo, la ve más allá, en la intención de nuestro corazón.

Orar para ser vistos de los hombres es relativamente fácil. Podemos sentirnos motivados en nuestras mentes al saber que los demás saben que estamos orando; pero la verdadera vida de oración no es tanto medida por nuestra oración pública (aunque esta es necesaria) como por nuestras oraciones privadas.

El profesor R.C. Sproul en su libro ¿Puede la oración cambiar las cosas? Dijo los siguientes:

La oración, al menos la oración privada, es difícil de realizar por un motivo falso. Uno puede predicar por motivos falsos, como hacen los falsos profetas. Uno puede involucrarse en actividades cristianas por motivos falsos. Muchos de los aspectos externos de la religión pueden realizarse por motivos falsos. Sin embargo, es altamente improbable que alguien se comunique con Dios por algún motivo inapropiado.

En otras palabras, alguien podrá fingir ser un buen predicador, o un buen cristiano, un buen esposo y hasta fingir ser muy generoso; pero nadie puede fingir una vida de oración, porque es algo que está relacionado directamente con Dios y con su naturaleza

La recompensa

De cierto os digo que ya tienen su recompensa

Orar es una acción que produce una reacción, y no me refiero necesariamente a la respuesta a la oración sino, de acuerdo a nuestra motivación, depende de a quién oremos, así será nuestra recompensa.

Los hipócritas oran para ser vistos de los hombres y esa es toda su recompensa. No hay nada más allá que su oración pueda lograr.

La forma correcta de observar la oración

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Jesús declara que la esencia de la oración está en la intimidad. Y no se refiere estrictamente a tener que encerrarnos. Alguien pudiera incluso ser hipócrita con la puerta cerrada si su única motivación es que los demás sepan que se ha encerrado. La idea del señor aquí es simple: evita cualquier cosa pueda ser un estorbo en tu intimidad con el Señor.

La devoción a Dios ha de ser verdadera y es sólo se hace evidente en el secreto.

Un hombre puede aparentar que ama a su esposa. Puede abrir la puerta del carro, tomarla de la mano en la calle, darle buenos regalos; pero sólo su esposa sabe, por la intimidad que tienen si su amor es genuino o no. Hay algo que pasa entre los esposos que es determinante en la intimidad que tienen, cosas que sólo ellos pueden saber; y eso pasa con Dios, con la diferencia de que una esposa no puede ver el corazón de su esposo cuando están en intimidad, mientras que Dios sí.

Los cristianos deben perseverar en una vida privada de oración, si eso no está debemos revisarnos. El Espíritu Santo que mora en nosotros nos hace exclamar ¡Abba Padre! Si eso no está entonces puede que el espíritu tampoco esté.

La recompensa

La recompensa del que busca la intimidad con Dios, es Dios mismo. Una relación con Dios, disfrutar de él

Trabajar en un hábito de oración no es fácil, pero Dios es nuestra motivación. Dios nos ha dado su Espíritu el cual gime dentro de nosotros llamándonos a orar y a enseñarnos a hacerlo (Rom 8:26-27)

John Stott citando a R. V. G. Tasker señala que la palabra griega para el “aposento” en el cual vamos a retirarnos a orar (tameicn)“se usaba para referirse a la bodega donde pueden guardarse los tesoros”. La implicación puede, entonces, ser que “ya hay tesoros que nos esperan” cuando oramos.  En realidad, las recompensas ocultas en la oración son demasiadas para enumerarlas.

Por otro lado, nuestra súplica será una oración contestada. Muchas de nuestras oraciones reciben respuestas evidentes y otras silenciosas. En ocasiones oramos por algo a lo que no vemos respuesta, pero eso mismo es la respuesta de Dios; no hacerlo. Esa es nuestra recompensa al orar, que sabemos que el oirá y hará todo lo que considere de acuerdo a su soberanía y voluntad, ¿no es eso alentador?

Advertencia contra las vanas repeticiones

Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

El Señor nos da una segunda advertencia al respecto de la oración. En la primera nos advierte sobre el peligro de la hipocresía y de cómo buscar la intimidad y en esta nos advierte contra la banalidad y el convertir las oraciones en un mero ejercicio mecánico.

La primera advertencia fue a no imitar a los fariseos, pero en esta es a no imitar a los gentiles. Es curioso que de las tres ilustraciones (la limosna, la oración y el ayuno) solo de esta se advierte contra una práctica de los gentiles, probablemente porque ellos también oraban extensamente a sus propios dioses y su modelo podía resultar atractivo para aquellos que querían orar al Dios verdadero. Jesús podía estar refiriéndose aquí específicamente a algunos escribas a quienes acusó de hacer largas oracionessol para guardar apariencias (Mt 12:40; Lc 20;47)

También observamos que la primera advertencia estaba orientada a lo interno, a la intención del corazón, mientras que esta está orientada al acto mismo de orar y lo que el Seño dice es que deben evitarse las vanas repeticiones.

No hay ningún problema en las oraciones largas; de hecho, hay algunas registradas en la biblia (2 Cr. 6:14–42; Neh. 9; Sal. 18; 89 y 119) pero cuando alguien pretende que por la longitud de sus oraciones será escuchado, la oración pierde su naturaleza.

Esto es muy común verlo hoy en muchas iglesias. A las personas se les exige orar durante cierto tiempo y en cierta posición para que sus oraciones sean, según ellos, más eficaces y hasta pueden jactarse de ello; sin embargo, si hiciéramos el ejercicio de poder escuchar muchas de esas oraciones, no son más que vanas repeticiones, una y otra vez e incluso de las mismas palabras. Por supuesto, debemos considerar que nuestro día de 24 horas no puede justificar que sólo demos al Señor minutos, cuando a otras cosas dedicamos horas enteras. Jesús dijo en una ocasión a sus discípulos no pudisteis velar conmigo una hora (Mt 26:40) Jesús no está diciendo aquí que ese debe ser nuestro tiempo mínimo de oración, pero mal no haríamos en tomarlo como referencia, después de todo 1 hora es sólo el 4% de nuestro día.

Me gusta como lo recoge la NVI:  Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.  Creo da la idea de hablar moviendo nuestros labios, pero sin estar conectados con una devoción interna.

Hay varias cosas entonces a las que el Señor se puede estar refiriendo al advertirnos al respecto de imitar a los gentiles:

  • Orar largamente para impresionar (Como los profetas de Baal 1 Rey 18:27)
  • Orar sin estar de acuerdo con nuestro deseo y motivación interna (balbucear)
  • Repetir palabras siguiendo cierto patrón (Rueda de plegarias budista, el rosario de María, etc)
  • El uso de palabras sofisticadas como si se quisiera impresionar a Dios

No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

La idea es clara; el alterar nuestras oraciones para hacerlas más largas o más elegantes no cambiará la manera en que Dios nos escuche; él puede oír hasta las oraciones de nuestro corazón.

Algunas personas pueden hacer oraciones cortas, como vemos muchas de ellas en la biblia y otras donde apenas y pueda escucharse nuestra voz, como en el caso de Ana que oraba apenas moviendo sus labios, pero fue escuchada por el Señor (1 Sam 1: 12-13).

Algo interesante aquí es que la oración es presentada por Jesús como un acto de adoración. Si Dios ya conoce nuestra necesidad, ¿entonces para qué oramos? Porque en la oración le contemplamos como un Padre del cual dependemos plena y completamente; tal y como lo veremos la próxima semana, si el Señor lo permite. El Señor se deleita en la oración genuina de sus hijos.

Conclusión

  • Quiera el Señor ayudarnos a considerar la oración como vital para nuestras vidas
  • Que podamos además examinar nuestro corazón y orar con la motivación correcta, sabiendo que él es nuestra recompensa
  • Y que entendamos que él nos oye, que tiene cuidado de nosotros y que conoce aún nuestros deseos, por lo que nuestra oración debe ser un acto de adoración en el que le ofrecemos a él nuestros deseos, considerando su plan, mejor que el nuestro.

Amén.

Recent Posts
Escríbanos

Comuníquese con nosotros para cualquier petición que tenga. Con gusto estaremos dispuestos a responderle.

0

Start typing and press Enter to search