La verdadera oración en el Reino (Parte II)

 In Sermones

Hemos estado observando la manera en que el Señor se preocupa porque los miembros del reino vivan una religión verdadera, practicando de manera genuina los hábitos propios de la misma. Esto hace parte de los deberes de los ciudadanos del Reino de exhibir una justicia mayor que la de los escribas y los fariseos. En ese orden, debemos hacer misericordia no para ser visto de los hombres, sino para buscar la Gloria del Señor, debemos también, en cuanto a nuestra vida de oración, evitar la hipocresía de los fariseos y también la superficialidad de los gentiles; los primeros habían hecho de la oración un espectáculo y los segundos un mero formalismo.

En esta conocía sección de las escrituras Jesús se ocupa de enseñar a sus oyentes la manera correcta de orar. Llama la atención que de las tres disciplinas que el Señor toma como ilustración para llamar a la verdadera práctica de la religión [limosnas, oración y ayuno] ninguna ocupa tanto su atención como la oración.

La razón para este puede obedecer a que es la oración la que determina nuestra relación con Dios y qué, en efecto, si alguien no tiene una buena relación con Dios no será movido a hacer misericordia y tampoco tendrá un motivo para mantener en sujeción los apetitos de su cuerpo [ayuno], así qué, la oración es el centro de nuestra vida religiosa; es lo que hará que todo lo demás funcione.

Por otro lado, ninguna porción de las Escrituras es, quizás, tan conocida como está a la que algunos han llamado “la oración del Padre Nuestros”

Libros enteros se han escrito solo de esta porción y no pretendemos agotar en esta serie todo lo que hay allí para nosotros; sin embargo, nos acercaremos a ella tratando de ver algunas verdades grandes y útiles para nosotros, los ciudadanos del Reino.

La oración está dividida en dos partes y compuesta por al menos 6 peticiones. La primera mitad se refiere a Dios y su reino, y la otra mitad se refiere a nosotros y nuestras necesidades.

La primera mitad está contiene de 3 peticiones relacionadas con Dios:
Su nombre (v. 9b)
Su reino (v. 10a)
Y su voluntad (v. 10b)

La otra mitad contiene también 3 peticiones, estas relacionadas con nosotros:

Nuestro pan cuarta (v. 11)
Nuestras deudas (v. 12)
Nuestro adversario (v. 13)

Esta división nos provee un marco general pero que nos será útil para abordar esta oración de manera más fluida. De hecho, Jesús se referiría a ella de manera aplicada unos versículos más adelante cuando dice: Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mt 6:33)

Creo que hay una intención en esta manera en que el Señor organizó esta oración y ella es mostrarnos que nuestro mayor deleite está en Dios y no en nosotros. Que nuestra prioridad es su Reino, no nuestras necesidades. Que debemos buscar siempre su Gloria, no la nuestra. De hecho, la oración comienza con Alabanza a Dios y termina con alabanza. La verdadera oración en el reino es un deleito completo en el Señor. La oración, dicho de otra manera, no se trata de nosotros, se trata de Dios.

Algunos ven la oración como un medio para alcanzar sus propios deseos y complacer sus caprichos, pero no como lo que es: el medio para contemplar a Dios, nuestro buen Padre amoroso.

Consideraciones iniciales

Antes de entrar a estudiar algunos detales de esta porción, tendremos algunas consideraciones iniciales y que están implícitas en nuestro texto.

La ocasión:

Jesús menciona esta oración, tal como dijimos, en contraste con la hipocresía de los fariseos que solo buscaban la alabanza delos hombres y los gentiles que creían que con sus palabrerías alcanzarían más favor de Dios. Es la manera correcta de orar y dirigirse a Dios.

Las Palabras vosotros pues oraréis así muestran que ellas se constituyen en un patrón para nosotros.

Algunos, erróneamente, han tomado esto como pretexto para orar siempre de la misma forma y con exactamente las mismas palabras, pero no es esto lo que está haciendo el Señor aquí, pues él mismo acababa de condenar las vanas repeticiones (v. 7). Sabemos esto porque vemos a Jesús orando en otras ocasiones (Jn 17) y no lo vemos repitiendo esta fórmula. Por supuesto, no hay ningún inconveniente si alguien decide orar textualmente esta ración, pero su corazón debe estar centra do en Dios en una devoción sincera y no en un mero formalismo repetitivo.

Su contenido

Por otro lado, aunque se trata de una oración breve (apenas 70 palabras en español) abarca gran parte de lo que es la vida cristiana. Nuestra relación con Dios, nuestras necesidades físicas, nuestras necesidades espirituales e incluso nuestra relación con nuestro prójimo.

De modo que estamos, no ante un fragmento religiosos, sino ante un modelo que nos provee de las razones para nuestra oración y el objeto de ellas.

Luego de esas consideraciones, veamos el encabezado de la oración y determina el bjeto de nuestra oración y es en lo que nos concentraremos en este sermón: padre nuestro que estas en los cielos

Padre nuestro

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.  Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

La oración comienza con una declaración que nos provee unas implicaciones teológicas amplias. Antes de que comiencen las peticiones Jesús declara el destinatario de nuestra oración y de su carácter. Hay varias cosas que podemos observar de esta expresión padre nuestro

El carácter plural

Jesús no dice que debemos orar diciendo <<padre mío>> de hecho, gran parte de la oración es hecha en lenguaje plural. Implica que debemos orar siempre pensando en los demás y no sólo en un Dios que ha de complacer solo nuestras necesidades. Algunas personas ven a Dios como un genio de la lámpara de Aladino que sólo puede escucharlos a ellos, como un niño rabioso que pelea por ser el único hijo de sus padres. Esto chocaba con el individualismo religiosos de la época y también con el actual.

La paternidad de Dios

Esta expresión debió resulta r muy escandalosa para los judíos que escuchaban al Señor. Ellos no acostumbraban a referirse a Dios de esa manera; pero aquí Cristo señala una relación muy personal con Dios. Esto es grandiosos. Nuestro Dios no es como los otros dioses; la relación que encontramos entre el Dios de la biblia y sus criaturas no la encontramos en ninguna otra religión del mundo.

Esto también implica que la oración sólo está reservada, en este grado de intimidad, para los hijos de Dios. Cristo siempre se refirió así al Padre, pero ahora nos enseña que también podemos hacerlo nosotros. Él nos ha hecho hijos (Jn 1:12) y por eso podemos llamarlo Padre.

Hay un sentido en el que Dios escucha a todos los hombres que se dirigen a él, él es Omnisciente y Omnipresente, pero hay otro sentido en el que escucha a sus hijos. Los demás hombres son escuchados en su clamor por misericordia, pero los hijos son escuchados siempre que se dirijan a él por cualquier cosa. Jesús describió mejor esta relación así:

¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?  ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?  Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (lc 7:9-11)

Solamente los que han recibido al Espíritu de Dios pueden clamar ¡Abba padre! Una expresión aramea usada para referirse a los padres de familia

Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! (Gal 4:6)

Muchas personas ven la relación con Dios como estorbada por una gran barrera de formalismo. Por un Dios al que ni siquiera pueden imaginar cerca; pero aquí se nos recuerda que su cercanía, cuidad, protección y todo lo que la paternidad implica, no son dadas en Cristo por Dios nuestro padre.

Sin embargo, el Señor Jesús advierte que, aunque nuestra relación es personal, no es informal ni mucho menos superficial e irreverente.

Que estas en los cielos

El Señor deja claro que él está en los cielos que él sigue habitando en luz inaccesible. Esto n debe darnos la idea que Dios está ubicado en algún espacio físico. Dios es espíritu y él no está confinado a ningún lugar físico (Jn 4:24), la idea del Señor es presentar a Dios como Señor por encima de Todo. Él tiene el cielo como su trono

Así dice el SEÑOR: El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies. ¿Dónde, pues, está la casa que podríais edificarme? ¿Dónde está el lugar de mi reposo? (Isa 6:1)

La idea del Dios en los cielos es la de el Señor, el Soberano, el Rey, el dueño de Todo, el Santo. Muchos sólo han considerado desproporcionadamente la paternidad ignorando los atributos de Dios. Él es digno de ser adorado y reverenciado.

Al respecto de esto. Donald Carson dijo lo siguiente:

Como contraste, el evangelismo moderno tiende a describirle como alguien exclusivamente cálido y personal. De alguna manera desaparecen así su soberanía y elevada trascendencia. Si uno entra en ciertas iglesias americanas, escuchara como se canta de forma entusiasta alguna cancioncilla (no logro calificarla de «himno») que dice: «Es un Dios estupendo, grande y maravilloso». Por desgracia, siempre que lo oigo me imagino un osito de peluche estupendo, grande y maravilloso. No es que estos himnos» contengan herejías o blasfemias. A veces me gustaría que, si las contuvieran, para poder condenarlos por un mal especifico. Pero son algo peor que la blasfemia y la herejía aisladas. Constituyen parte de una estructura de reverencia, de teología superficial y de criterios religiosos dominados por la experiencia, algo que ha destruido en tremenda proporción la fuerza evangelista del mundo occidental. (Carson, Donald The sermón on the mounth; pg 81)

La oración ha de ser un acto personal, pero reverente; como alguien que se dirige con respeto a un padre que ama.

Uno de los grandes males del evangelicalismo contemporáneo ha sido personalizar tanto a Dios que deja de ser Dios para ellos. Esto se ve con mucha frecuencia sobre todo con respecto a la persona del Espíritu Santo, aunque realmente es un irrespeto generalizado por la trinidad. Un religioso conocido en nuestro medio muy popularmente se refiere al Cristo resucitado como: el man está vivo.

El hacer chistes sobre Dios, tomar a la ligera su nombre es un pecado inexcusable y que deberíamos considerar con mucha seriedad no solo en nuestras oraciones sino en cada cosa de nuestras vidas.

Ver a la iglesia primitiva orando no provee una idea de la manera en que Dios debe ser reverenciado:

Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay (Hech 4:24)

Incluso la visión de Isaías 6 debería estar en nuestra mente al momento de doblar nuestras rodillas en oración:

 El año en que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el Templo. Por encima de él había serafines. Cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban.  Y el uno al otro daba voces diciendo:  «¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos!
¡Toda la tierra está llena de su gloria!» (Isa 6:1-3)

Vemos con mucha frecuencia a hijos que tratan con demasiada camaradería a sus padres, hasta el punto que es difícil ver una diferencia entre el Padre y el Hijo y si bien es cierto que debe haber una relación estrecha entre ambos, esta debe ser lo suficientemente respetuosa como para preservar quien está en autoridad y quien está sometido a ella.

Es en ese sentido en el que debemos pensar en la oración. Dios es nuestro Padre, tenemos una relación única y personal, pero debemos considerar sus únicos atributos y ser movidos por ello a darle nuestra mejor y verdadera adoración.

Definitivamente si queremos saber cuál es la teología de alguien o la manera en que considera a Dios, sólo debemos escucharlo orar.

Conclusión:

Quiera el Señor ayudarnos a entender que él es nuestro Padre, que hemos sido unidos a la familia suya en Cristo, que nuestra relación es única y especial, que podemos pedirle como a un Padre amoroso; pero que debemos hacerlo con reverencia, considerando su santidad y honor, reverenciando siempre su nombre que es eterno y exaltado por los siglos. Después de todo, nuestras oraciones reflejan nuestro conocimiento de Dios.

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